• Redacción El Día

Tristeza por la partida del Maestro Otegui

Héctor Otegui había cumplido 99 años el 13 de mayo pasado. Su humildad, sencillez y trayectoria artística lo harán inolvidable en su paso por esta tierra.


Nacido en Pergamino, llegó a la ciudad de Río Cuarto a los dos años, lugar que lo vio crecer y afianzarse en su vocación por el arte. Se destacó como pintor, escultor, restaurador y por sus obras poéticas como así también por el ejercicio de la docencia en Bellas Artes.



En su paso por este mundo, siempre tan solidario Otegui enseñó en forma gratuita en su barrio Alberdi, ganándose el cariño de niños y adultos, un honorable y querido vecino al que todos recordaremos.

El 20 de noviembre de 2014  en una emotiva ceremonia que tuvo lugar en el aula mayor el artista riocuartense Héctor Otegui fue investido con el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Río Cuarto, en mérito a su vasta obra en favor de la educación del arte y a propuesta del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Humanas y a solicitud de los estudiantes de la carrera de Lengua y Literatura Gabriel Andrés Parejo Cavaignac y Mariana Sesin.  






Imágenes Cecilia Grosso Prensa UNRC


En aquel acto en el  aula mayor tuvo lugar una entrevista con el periodista Javier Lucero.

Algunas de las principales ideas que expresó el artista se reproducen a continuación.

-Los lugares que más me gustaba pintar eran de la Estancia El Durazno, donde mi papá me llevaba de muy niño, incluso conocí a la viuda de Olmos. Es un lugar hermoso donde no hay cemento porque hoy vemos lamentablemente cemento por todo lado, sin naturaleza. También me gustaba pintar en Alpa Corral, Las Albahacas y Río de los Sauces y siempre andaba buscando lugares naturales que no hay en la ciudad. -Los maestros de la escuela primaria ya me habían hablado de la belleza de los colores y del uso de en la pintura, a mí me gustaba la pintura pero no era bueno para la matemática. Estaba en sexto grado cuando en Río Cuarto no había ni veredas, en las calles todavía estaban las vías de un tranvía que funcionaba en la ciudad. He sido muy afortunado en descubrir la pintura desde niño. -Me llamaba la atención que cuando pintaba los niños me miraban. Una vez un portugués que tenía un almacén en Lavalle y Pringles me preparó el salón y allí empecé, podemos decir, con la pintura. Como docente primero con los niños y en el año 1972 empecé con la gente mayor. Luego empecé con la escenografía y el propio Juan Filloy me sabía corregir algunos modelados de escenografías. Lo he hecho hasta hace poco a esto también. -Mire, nadie es más que otro. Todos tenemos nuestros problemas pero también nuestro cuarto de hora de felicidad. Yo trabajé para enseñar a los niños pobres y otras veces he trabajado para los ricos, en Chile, en Perú, en Méjico y aprendí que todos tenemos nuestros grandes problemas pero también momentos de felicidad. -Claro, el sueldo del maestro no alcanza. Las esculturas eran más caras. La escultura la descubrí con algunos maestros que tuve y amigos que me ayudaron a dar los primeros pasos. Íbamos al río y ellos me pedían que les hiciera una escultura sobre la costa de una mujer desnuda –dijo entre risas-. Ya trabajé con distintos maestros que enseñaron a hacer los moldes y a hacerme en los distintos secretos de la escultura. -Hay que urbanizar si se quiere pero poner jardines, flores, balcones con macetas. Hay que llenar de jardines el Boulevard Roca, Plaza Racedo y otros lugares públicos que tiene la ciudad. Vemos por ejemplo una ciudad como Brasilia, una ciudad llena de rectas y curvas en las construcciones pero con pocos espacios verdes para pasar un buen momento, tomar un descanso de los problemas. -Una obra de estilo abstracto puede verse como grupo de pinturas esparcidas con colores sobre un lienzo pero para mí esos colores me pueden sugerir un amanecer y esa obra ya no es más abstracta. En algún momento en Río Cuarto había una puja entre los figurativos, a los que pertenezco, con los abstractos pero hoy tenemos que aceptar que los tiempos cambian y los estilos también. Hay que aceptar los cambios en el tiempo. -Yo tuve una infancia pastoril en medio de la naturaleza. Hoy, los niños no pueden aprovechar esta naturaleza porque además de ir a la escuela tienen que prepararse para otras exigencias de la vida actual como aprender inglés y les queda poco tiempo para jugar. Yo viví en una época donde en Río Cuarto había que hacerse curar el empacho porque había dos médicos que no alcanzaban para todos. A mí me sacó el empacho una india, me dio un brebaje muy amargo y me salvó y acá me tiene. -Siempre me gustó el arte, la poesía. A los 16 años le regalé un poema (Fragmentos de luna) a mi madre, ella se emocionó y me dio una cachetada porque  no creía que yo lo hubiera escrito, tampoco la maestra, que me dijo mentiroso y en el próximo examen me hizo rimar unos versos.


Fuente Prensa UNRC


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