• Redacción El Día

“Algo sembramos en los niños que nos hace inolvidables”

28 de mayo. Día de la Maestra Jardinera.

El Día de Higueras entrevistó en esta jornada tan especial a una seño muy querida por niños y hoy no tan niños que alguna vez recorrieron las salitas del Jardín de Infantes Jorge Newbery



¿Quién de nosotros no recuerda la etapa de jardín? Esa que antecede a los guardapolvos blancos, la de los areneros y los mangrullos, la de los soldaditos y las cocinas en miniatura, donde establecemos los primeros lazos de entrañables amistades que nos acompañan durante toda la vida.


Y en esa etapa, adquiere un rol protagónico la Seño, la que extiende su brazo al abrirse la puerta y en medio de una imaginaria lucha, mamá nos suelta y nos deja ir de su mano al jardín.


Hoy 28 de mayo se celebra su día, el de las Maestras jardinera y de los Jardines de infantes, en memoria y reconocimiento a Rosario Vera Peñaloza, precursora y defensora de la educación de niños.


El Día de Higueras entrevistó en esta jornada tan especial a una seño muy querida por niños y hoy no tan niños que alguna vez recorrieron las salitas del Jardín de Infantes Jorge Newbery.


Norma Molina de Luchesoli se recibió en la primera promoción del Profesorado de Educación Preescolar en el año 1977, en la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Los primeros tiempos de ejercicio de la profesión la encontraron viajando a Villa Valeria, los días domingos al mediodía para regresar apenas unas horas a su casa los sábados a la tarde.

En el año 1981, ya en matrimonio con su esposo Hugo, de regreso en Las Higueras es convocada por el entonces Intendente Hugo Ludueña para encaminar los primeros pasos de en aquel momento la “Guardería Municipal” que funcionaba en lo que hoy es el Gimnasio del Polideportivo.


Allí trabajé un par de meses junto a las inolvidables “tías” amadas por todos los chicos, Amanda Navarro, Nora Beitia, Ñata Palacios, Nena Bárcena, Pico Milanesio; pero tuve que dejar por razones económicas para dedicarme de lleno a la profesión en el jardín de la localidad”; recuerda Norma.




Cubriendo una suplencia en 1981, empezó a trabajar junto a Mirta Pascual de Grippa, quien viajó al extranjero por dos años y entonces estaba en su reemplazo a cargo de sala de 5. Un tiempo después por la creciente matrícula se abrió otra sala de 5 que funcionó en aquel tiempo en la casa habitación lindera al Centro Educativo Jorge Newbery.


Apasionada por su trabajo, dedicada a pleno, muchas fueron las vivencias cotidianas que Norma atesora en su memoria y en su corazón, sobre todo el cariño de los niños y de sus familias, que confiadas diariamente dejaban a los pequeños, en ese su segundo hogar.


“Andar por el pueblo y que aún hoy te digan, “hola o chau seño” te moviliza mucho, algo hemos sembrado en esos niños hoy adultos que nos hace inolvidables”; expresa dejando entrever la nostalgia.




Y destaca la permanente colaboración de las familias, siempre presentes, atentas a las necesidades de la institución o del llamado de atención siempre pensando en el bienestar de los niños.


“De los papás me llevé mucho cariño y acompañamiento a cada paso, nos sentíamos realmente valoradas por ellos, de 100 papás, con seguridad 80 de ellos estaban siempre al pie del cañón, incluso cuando había llamados de atención por alguna razón ellos mediaban y uno notaba los cambios enseguida”.




Actividades solidarias, festivas, en fechas especiales fueron parte de esos años, “me acuerdo un día de la madre que hasta preparamos ruleros para regalo simbólicos emotivos con mensajes alusivos y divertidos, fueron años hermosos, me acuerdo de la fiesta del cierre de un año lectivo que representaron los papas Blancanieves”; añora Norma.


Estuvo a cargo de salas durante 27 años para luego pasar a cubrir un cargo interino de dirección en los últimos 4 de su ejercicio profesional y finalmente en el año 2012 alcanzar su jubilación.


En este recorrido por el camino de la vida profesional, Norma remarca que es una actividad con el sello indiscutido de un amor incondicional por los niños, “aun hoy, me cruzo un niño y le busco conversación, aprendí con los años a entenderlos y valorarlos no solo como niños sino como personas del mañana, a escucharlos y darles la posibilidad de expresarse”.


Claro que como en toda actividad, algún contratiempo surge y genera quizás un sabor amargo que allí queda y no es fácil de olvidar, “una vez organizamos un evento para el día del niño y junto a los papás vendimos empanadas, vino una Autoridad superior a mí, quiso llevarse una docena y no podíamos venderle ni obsequiarle porque estaban todas comprometidas, no lo tomó a bien y se generó una situación bastante incómoda, sobre todo estando yo a cargo, los papás elevaron su queja y los respaldé porque tenían la razón, lo positivo es que esa Autoridad se acercó y se reunió con los papás para pedir disculpas, algo que valoro muchísimo aún hoy tantos años después”.





Las relaciones humanas son complicadas e impredecibles, pero si uno prioriza los códigos siempre sobresale la hermandad y el compañerismo.

En este sentido, Norma relata una vivencia que ha quedado guardada en sus innumerables recuerdos de la docencia, “había un niño con el que no teníamos piel como se dice, no lograba yo llegar a él y notaba en el cierto rechazo hacia mí, entonces un día hablé con una compañera- hoy su gran amiga Adriana Domínguez- le comenté la situación para que me diera una mano, ella se hizo cargo y lo hicimos juntas, hubo códigos entre nosotras, eso siempre hay que tenerlo en cuenta”.


Se define como estructurada en su tarea y divertida sonríe al recordar un cumpleaños en el que su compañera docente Adriana reunió a los pequeños alumnos para prepararle una sorpresa, “colocaron carteles alusivos todos chuecos y torcidos, solo para que yo me asombrara que no estaban prolijamente colocados, ella aprendió de mi estructura y yo a desarmarme lo que no fue nada fácil”.


Pasaron 31 años, muchos dedicados de lleno a su profesión sin importar los tiempos “aún hoy mis hijos me reclaman tanta dedicación”, en el año 2012 y ya tramitando sus últimos pasos a nivel profesional inicia un tratamiento por enfermedad, sus pensamientos se trasladaron de lleno a esta situación y esa realidad en los primeros tiempos la mantuvo ocupada sin darse cuenta que había dejado el jardín, que era tiempo de otros tiempos, de otras actividades, de disfrutar la cosecha de tantos años.


“Cuando aterricé, empecé a extrañar, pero no la dirección, sino la sala, los niños, el bullicio, sus cuentos, sus sonrisas y llantos, el abrazo, quizás ya estaba grande para estar con los chicos, pero sinceramente es lo más gratificante”.



Experiencia en primera persona


Marisa Peralta de Terreno es mamá de Araceli (28), Catriel (19) y Brisa (18) Terreno, todos ellos ex alumnos de la Seño Norma, a quien recuerdan con muchísimo afecto por su dulzura, “siempre tan respetuosa, atenta, nos contagiaba las ganas de participar, tenía un carácter muy especial con los niños y con nosotros”; expresa Marisa.








Y agrega “me acuerdo que me llamaba casi todos los días, porque mi hijo Catriel besaba las nenas o también porque en la época de la más chica estaban de moda las divinas y había pleitos entonces allí estábamos las mamas para evitar conflictos entre compañeras”

















Una de las compañeras docentes de Norma, la Señorita Adriana Moyano – ingresó al Jardín a cubrir su suplencia, compartiendo años de vivencias, confidencias, aprendizaje. La define como una persona trasparente siempre alegre, aunque cuando no lo estaba se notaba en forma inmediata en su semblante, “una excelente profesional que acompañó a la comunidad educativa toda, se brindó abiertamente a todo lo que necesitamos e hizo mucho por el jardín; cuando se jubiló hubo un quiebre en la institución”


Emocionada la Seño Adriana rememora la predisposición permanente y el buen compañerismo de su par, “la conocí realizando mis prácticas cuando estudiaba en la Universidad, de ella aprendí un montón, es buena consejera y compañera, me acuerdo que cuando estaba como Directora compartimos muchos talleres que quizás no entendíamos para qué pero que hoy veo los resultados y allí siempre están presentes sus consejos de ella ante los cambios, sobre lo que se debe que hacer y lo que no”.




Norma como tantas otras Seños de la infancia permanece en nuestros recuerdos eternamente, y quizás muchos lectores de esta entrevista sonrían rememorando la etapa del jardín de infantes, hubiésemos querido llegar a todos para entrevistarlos y escuchar anécdotas o volver tan solo el tiempo atrás imaginariamente por un instante.


Los tiempos apremian y no quisimos dejar pasar este día para reflexionar juntos sobre la gran labor que todas las Docentes de Educación Inicial llevan adelante, forjando en nosotros adultos los valores esenciales de compañerismo, amistad, lealtad con nuestros pares. Acompañan nuestra socialización primaria y esa mezcla de emociones que a futuro llega con el paso del jardín a la escuela primaria.


La seño del jardín nunca se olvida, su tarea representa para nosotros esperanza, ilusión, alegría, tiene en nuestro corazón un lugar que nadie más ocupa, porque es ella quien, en nuestra primera infancia por así decirlo, nos contuvo y nos ayudó a madurar la niñez en esos primeros pasos de la etapa escolar.


Felicidades a todas y cada una de las Señoritas de Jardín de Infantes, vaya para ellas nuestro reconocimiento y respeto.



Efeméride

28 de mayo Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, en memoria y reconocimiento a Rosario Vera Peñaloza, precursora y defensora de la educación de niños.

Luego de una admirable trayectoria, llegó a ser Inspectora de Enseñanza Secundaria Normal y Especial.



Rosario Vera Peñaloza dedicó su vida a la enseñanza. Falleció a los 77 años, el 28 de mayo de 1950. Fue declarada por sus seguidores como «La Maestra de la Patria».


Fuente: Universidad Pedagógica Buenos Aires (2011). Educadores argentinos. Rosario Vera Peñaloza.


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